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Mesa II
El PRD a 20 años de su fundación, sus nuevas circunstancias, retos y perspectivas
¿El partido que necesitamos o el partido que necesita el pueblo mexicano?
A unos días de haberse cumplido el vigésimo aniversario de la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y en medio del desprestigio en que se encuentra envuelto este instituto político por los desaseados procesos electorales internos del 16 de mayo de 2008 y 15 de abril de 2009, eventos en los que compitieron en mañas, unas más que otras, todas las expresiones políticas partidarias, pero que no son los únicos que han lesionado la imagen del partido, justo es reflexionar sobre si efectivamente ha cumplido con los objetivos fundacionales.
El llamamiento hecho el 21 de octubre de 1988 al pueblo de México para formar el Partido de la Revolución Democrática, proponía edificarlo como "una organización que sea la expresión política del cambio social y cultural que estamos viviendo, el partido de la democracia, de la constitucionalidad, de la Revolución Mexicana, de la dignidad del pueblo y del progreso. Necesitamos un partido nuevo que en alianza con todos los partidos y organizaciones democráticas que conquistaron la victoria del 6 de julio de 1988, sea expresión de la pluralidad y al mismo tiempo de la inmensa masa ciudadana todavía no organizada".
El proyecto partidario concebido originalmente perseguía objetivos diferentes a lo que está convertido actualmente. Casi desde el primer momento se distorsionó erigiéndose en un partido de caudillos y no en un partido realmente democrático, una federación de grupos más que un partido de nuevo tipo, se volvió un partido electorero y no un partido organizador y conductor de la lucha popular hacia estadios superiores de desarrollo en beneficio del pueblo para satisfacer sus necesidades económicas, políticas y sociales.
De esa manera, en lugar de aprovechar las elecciones como un aspecto o elemento de la lucha democrática para transformar radicalmente al país, subordinó toda su actividad a la lucha por cargos de poder desvinculándose del pueblo y, en la práctica, asumiendo sus dirigentes y principales beneficiarios con gusto las perniciosas conductas de otras formaciones políticas, convirtiendo al PRD en apéndice del sistema, caracterizándolo como el partido de izquierda neoliberal.
Por otra parte, los partidos, coordinadoras, grupos y demás formas organizativas que supuestamente se disolvieron para dar lugar al PRD en mayo de 1989, realmente, como tales no desaparecieron para iniciar una nueva institucionalidad en el nuevo partido y, desde el principio, se rearticularon o se fusionaron unas con otras, dando lugar a las corrientes, cambiando, éstas, de bando o etiqueta a conveniencia no de las bases de las mismas, sino atendiendo a los intereses de los dirigentes de ellas, desatando una permanente y encarnizada lucha por la hegemonía y control del partido con todo lo que ello implica, sin olvidar las severas crisis en que lo han sumido recurrentemente. Es decir, anteponiendo los intereses particulares o de facción a los superiores intereses del partido como organización política de izquierda, del país y del pueblo mexicano.
Hoy los conceptos compañero y camarada han sido rebasados o suplantados y sólo son usados mecánicamente. Ahora más que militantes hay empleados en el PRD, y no nos referimos a los trabajadores que laboran en el partido, sino a la manipulación que se hace de las bases. No hay vida militante real, se confunde burdamente militancia con afiliación. No sabemos de que los militantes cumplan con normas características necesarias para la preparación, capacitación y su desarrollo, normas tales como: militar, estudiar cuotizar y luchar. Los principios son una pieza de museo o requisito a cumplir con los organismos electorales federales.
Derivado de lo anterior, el PRD que debiera ser el instrumento de lucha del pueblo para satisfacer sus reivindicaciones, por el contrario, utiliza al pueblo como instrumento para cubrir las necesidades de las cúpulas del partido y de las corrientes, yendo a él sólo en época electoral a solicitar su voto.
En el mismo sentido, no es casual que el partido e incluso las propias corrientes, más que como organización política sean dirigidas como una empresa sin serlo, y lo que es peor, sin la visión empresarial que vuelva exitoso el proyecto. Donde las burocratizadas dirigencias no lo han hecho crecer política, teórica, ideológica ni programáticamente, sino sólo administran y mal lo que hay.
De igual manera, la elección de los candidatos a los cargos de representación popular, surgidos de supuestos procesos democráticos, está sumamente alejado de la verdadera democracia porque como se constata en cada proceso interno, la lucha por las posiciones es absolutamente desigual, y quien gana son los representantes de los bloques hegemónicos luego de hacer un ofensivo despilfarro y manejos clientelar-corporativos, esto en lo que se refiere a las candidaturas de mayoría relativa, porque las de representación proporcional son repartidas sin ningún recato entre las corrientes, las que a su vez, imponen en ellas a familiares, empleados, amigos o compadres sin mayores méritos que ser parte de la corte de los dirigentes, en un burdo y ofensivo nepotismo, ofendiendo la inteligencia de la militancia.
Sin embargo, todos somos responsables de las condiciones en que se encuentra el partido porque lo hemos permitido. Nos hemos mantenido callados en lugar de alzar la voz. Pero hoy tenemos que estar a la altura de los desafíos de la construcción de un Partido radicalmente distinto y superior al que tenemos, un partido Moderno y de Masas.
Por eso hoy, el compromiso irrenunciable para fortalecer y desarrollar al PRD, es rescatar la combativa tradición de lucha de los miembros del partido, retomar y reforzar el estudio, la formación política, teórica, ideológica, programática y organizativa de todos sus miembros. Lógicamente si el partido se fortalece en esta dirección, combatirá los vicios y deformaciones existentes en él y contribuirá de mejor manera a la localización de las soluciones más viables a los problemas prácticos, combatiendo permanentemente el estancamiento y el retroceso convirtiéndose en factor indispensable del avance.
Evidentemente, tenemos que plantearnos, más allá de voluntarismos o catarsis coyunturales si el partido que se tiene es el que se necesita, o quien lo necesita ¿la militancia? ¿La dirigencia y cúpulas partidarias? ¿Las corrientes? ¿El pueblo de México? O bien, si el proyecto originario ha sido deformado totalmente y puesto al servicio de intereses hegemonistas de diversa procedencia en una exclusiva lucha del poder por el poder.
Construir el Partido que necesita México, significa erradicar modelos y líneas políticas inoperantes rebasando y desechando tergiversaciones de la realidad en afanes pragmáticos. Mantener posiciones realistas, valorar con objetividad lo hecho hasta hoy, enfocar los resultados obtenidos no sólo desde posiciones del pasado, sino, en primer lugar, partiendo de los planes y programas partidarios objetivos y del compromiso con el pueblo, avanzando con firmeza y sin titubeos, corrigiendo sin temor los errores y rechazando tajantemente los viejos métodos y costumbres obsoletas.
Necesitamos desarrollar al PRD como un partido de combate, un partido no electorero, es decir, que no dedique su atención exclusivamente a la lucha electoral y parlamentaria, sino que se involucre directamente en la problemática cotidiana que afecta al pueblo y participe decididamente en las contiendas por un México superior sin desigualdades de ningún tipo. Un partido que no agote sus posibilidades en la lucha electoral. Un partido movimiento que convoque y ayude al pueblo a dar el paso a la organización, a que incursione en política y se convierta en arquitecto de su propio destino.
Por eso, sabiendo que la democracia no es una consigna sino la esencia misma de la renovación, para el sano desarrollo del Partido, se requiere, aún más, con toda madurez atendiendo a las críticas internas, desarrollar la capacidad de analizar críticamente su propia actividad, saber renovar sus formas y métodos de trabajo, determinar sobre la base de la teoría revolucionaria, las perspectivas de desarrollo de la sociedad y pugnar por resolver atinadamente las nuevas tareas promovidas por la realidad.
Para construir el partido que necesita el pueblo de México, estamos obligados a renovar a fondo, con ciencia y arte, con talento, nuestra política, liberarla de deformaciones y deficiencias, hacerla de verdad moderna, más activa y consecuente, vinculada indisolublemente a las vertientes clave de la lucha de los trabajadores mexicanos, construyendo una política moderna para un Partido revolucionario y verdaderamente democrático. Y porque es posible y queremos contar con un poderoso, atractivo para el pueblo e influyente PRD, nos espera un tenaz y minucioso trabajo para cambiarlo sustancialmente preparándolo para contribuir a la transformación revolucionaria de México en beneficio de las clases trabajadoras.
El PRD debe caracterizarse por ser un verdadero partido de izquierda en la práctica cotidiana no de dicho sino de hecho. Debe ponerse a la cabeza de la lucha popular, lo mismo en la ciudad que en el campo. Por lo tanto, es necesario impulsar un gran debate nacional partidario para:
a) Promover su refundación retomando los principios que le dieron vida hace ya 20 años pero adaptándolos a las necesidades de actualidad.
b) Readecuar o reformar sus Documentos Básicos (Declaración de Principios, Programa de Acción y Estatutos), haciéndolos dinámicos, verdaderamente democráticos y aplicables a la realidad concreta, para que prevalezca en todo tiempo la institucionalidad por encima de las violaciones a los mismos por dirigentes o militantes de todos los niveles.
c) Revisar la organización interna del Partido, desechando lo obsoleto o negativo para el desarrollo del PRD, retomando y aplicando la mística partidaria para que nuestro instituto se comporte cotidianamente como un partido moderno viable y no como una empresa mediana al servicio de intereses ajenos a su sano desarrollo.
d) Como es difícil, por no decir imposible, que las corrientes o expresiones políticas internas desaparezcan por decreto, es necesario reglamentar su participación en el seno del partido para evitar que sigan actuando como grupos de presión que sólo se embarcan en la lucha exclusiva del poder por el poder, es decir por los cargos de representación popular y de gobierno, así como los de dirección interna nacional, estatal, municipal y distrital. En esa dirección, proponemos que su nuevo papel sea el de educador, orientador y conductor de la lucha popular, vinculadas estrechamente al pueblo y no como grupos clientelares corporativos que nada aportan al necesario crecimiento político, teórico, ideológico y programático del PRD.
e) Evidentemente, tenemos que pugnar porque las alianzas del partido sean en primer lugar con el pueblo y sus principales organizaciones, a las coordinadoras sindicales, campesinas y populares, es decir, tenemos que sumar a la lucha partidaria a los profesionistas, a los maestros, a los investigadores, a los jóvenes estudiantes, obreros y campesinos, a los jubilados y pensionados.
f) Se tiene que promover indudablemente alianzas mutuamente convenientes con las organizaciones políticas de las distintas izquierdas políticas que actúan en la geografía nacional, no sólo con las afines a ciertos dirigentes.
Desafortunadamente, por ahora, el PRD, en las condiciones que se encuentra, tal vez es el partido que necesitan los bloques dominantes internos y sus cúpulas dirigentes, pero no la base militantes. Es más, como ha sido conducido en los últimos años, no es el partido que necesita México. Eso sí, mientras este partido cuente con militantes rebeldes, que no hayan sido cooptados por el conformismo, la sumisión o el inmovilismo, militantes dispuestos a transformarlo, el PRD tiene solución y viabilidad.
No obstante, con una nueva forma de entender y hacer política, la revinculación con el pueblo, una diferente y superior conducción del Partido, el desarrollo de militantes de nuevo tipo, que comprendan y trabajen como auténticos militantes y no como empleados de dirigentes, el PRD adquirirá una mayor fortaleza para enfrentar, unido y cohesionado, con las mejores perspectivas de éxito los desafíos por venir, en primer lugar, las elecciones federales y estatales del 5 de julio de 2009.
FRATERNALMENTE
FOPAAC
16 de mayo de 2009