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Melquiades Pérez Gonzalez*
· Ex Diputado Presidente de la Comisión de Derechos de Humanos del H. Congreso del Estado y
Presidente de la Gran Comisión LVII Legislatura de Tlaxcala
E-mail expertis1L@yahoo.com.mx
Introducción
Julian Huxley, destacado biólogo inglés planteaba, desde hace varios años, que la humanidad enfrenta serios problemas debido a que existen ciertas tendencias autodestructivas, entre las cuales, en primer lugar, resalta el crecimiento desmedido de la población del planeta. Opinaba que, de mantenerse este ritmo, la catástrofe sería inevitable.
Ya ahora la superpoblación constituye una considerable carga para la naturaleza: desaparecen bellos paisajes, atractivos para el descanso; se reducen los lugares intactos; se agotan importantes fuentes de materias primas, de alimentación, de agua potable y minerales; disminuyen las áreas de terreno fértil.
La gran densidad de población, con el alto grado de industrialización, da lugar a la contaminación del espacio que rodea al hombre y da origen a ciudades demasiado grandes como para funcionar normalmente, presiona sobre el espacio y la libertad individual, suscita un sentimiento de condenación e impotencia y perjudica la calidad de la vida. El continuo aumento de la población conduce, de hecho, a la autodestrucción.
Lo anterior fue escrito en 1980 y parecería que el pronóstico era la descripción de la actual situación de nuestro país.
Veamos algunos indicadores
· Agua: 90 por ciento de los cuerpos de agua superficiales están contaminados.
· Deforestación: Anualmente se pierden 700 mil hectáreas en arboles y vegetación.
· Residuos peligrosos: Se generan de cinco a ocho millones de toneladas anuales.
· Desertización: 48.5 por ciento de la superficie nacional presenta erosión.
· Sobrepoblación: poseemos una de las ciudades más grandes del mundo; la ciudad de México con 18.1 millones de habitantes.
· Desaparición de especies: Son cada vez más las especies en peligro de extinción, el porcentaje es de cerca del 25 por ciento de éstas.
Es claro que en nuestro país no hay ni equilibrio ni desarrollo sustentable. El crecimiento de la pobreza nos plantea la imperiosa necesidad de poner remedio a esta situación.
Las Cumbres Mundiales Sobre el Desarrollo Sustentable
Johannesburgo, la ciudad de Sudáfrica en que surgió el apartheid, donde los derechos de la mayoría negra nunca fueron respetados, un país que dio origen al Consejo Nacional Africano, y surgió un hombre que es símbolo de dignidad y lucha: Nelson Mandela, quien fue encarcelado el dos de Agosto de 1962 y permanecería en prisión 30 años y 190 días, dado que fue liberado el 14 de Febrero de 1990. Este hombre, posteriormente sería presidente de Sudáfrica y daría fin al régimen del apartheid. Con ello Mandela se convirtió en un símbolo de la resistencia de todos los pueblos, pero en especial de las minorías negras en los Estados Unidos y en los países africanos que luchaban por su independencia del colonialismo.
Johannesburgo fue sede de la Conferencia por el Crecimiento Sostenido y la Salvación de la Tierra, en 2002 que fue la segunda reunión que se lleva acabo con este objetivo. La primera tuvo lugar en Río de Janeiro, Brasil. Convocada por la UNESCO con el título de Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sustentable, en ésta participaron cerca de cinco mil 730 delegados cuyo objetivo es llegar a acuerdos que van desde el combate a la pobreza y la escasez de agua hasta un reordenamiento justo del comercio mundial. Por cierto, a la reunión de ese año no fue invitado Mandela.
Actuar con decisión frente al empeoramiento de la crisis ecológica y la pobreza, por el interés de la humanidad y el planeta que compartimos, ha sido el llamado de la conferencia a todos los gobiernos y pueblos del mundo. La situación ecológica del mundo es hoy inseparable de la pobreza que conforma el arsenal de destrucción más importante de las sociedades contemporáneas.
Movimientos de Liberación Nacional y Soberanía
Junto con la globalización, hemos venido observando los graves efectos que ha traído a los pueblos del mundo la integración económica y uno de los peligros más graves ha sido la perdida de soberanía que nos lleve a perder la posibilidad de un desarrollo sustentable para los mexicanos a cambio de una integración en el terreno económico.
En los años setenta, las luchas de liberación nacional ocuparon una gran parte de la atención mundial, el sistema colonialista cayó, hecho pedazos, por los movimientos de liberación nacional. Uno de ellos fue el encabezado por Mandela en Johannesburgo, Sudáfrica. El colonialismo murió y en su lugar se habla ya de integración económica, mundialización y globalización, no sólo en los países periféricos sino en los desarrollados.
Ejemplo de lo anterior es la integración económica de Europa, que está avanzando prácticamente hacia la nueva integración de las economías nacionales, dejando lugar para convertir el continente en un país inmenso, con una moneda única y prácticamente una misma legislación, pero su herencia colonial ha dejado profundas huellas en los llamados países del tercer mundo, fundamentalmente en África.
La responsabilidad moral de la que se construye como Comunidad Económica Europea es muy grande y tiene el deber moral de contribuir a la superación de la pobreza y la preservación del medio ambiente, además de apoyar el desarrollo sustentable en sus antiguas colonias.
¿Es posible el desarrollo sustentable dentro del marco de la soberanía de los países? Nosotros afirmamos que sí lo es. El Estado Nación es una realidad de reciente creación, si lo comparamos con el tiempo que tiene la humanidad sobre la Tierra. Este concepto tiene sus orígenes en las monarquías. Un invento como el pasaporte, que prueba nuestra pertenencia a un país, es de reciente creación y testimonia la nacionalidad del individuo, pero curiosamente lo otorgan los Estados como si fuera su propiedad.
Ahora, los significados tradicionales de soberanía y ciudadanía han sido puestos en cuestión por la crisis del Estado Nación al que ambos están ligados: el primero designa la completa independencia del Estado respecto a vínculos jurídicos externos e internos; el segundo, en tanto, representa el status subjetivo de pertenencia a una comunidad política dada.
¿Cómo ubicar el problema ante estos dramáticos cambios? Los países no son iguales en lo económico. Mucho difieren en sus tradiciones, cultura histórica, religiones etc., por lo que plantear la idea de una homogeneización de una solución es uno de los más grandes errores teóricos actuales.
Cómo hablar de un modelo económico y, mas aún, de un modelo cultural entre dos países tan diferentes como, digamos una Alemania y Etiopía, por poner un ejemplo. Sin embargo, ambos viven en el mismo planeta tienen el interés común de mantener sus recursos naturales.
La Doctrina de la Seguridad Nacional
Una preocupación actual de los países desarrollados es la seguridad nacional. Ante el creciente problema que significa la pobreza y el deterioro de las condiciones de vida de millones de seres humanos, la mayoría de los cuales viven en los llamados países del tercer mundo, localizados en África América Latina y Asia.
Se dice que los países desarrollados deben de tener una doctrina de seguridad nacional para enfrentar el futuro. En realidad, puede ser que al final lleguemos a estar de acuerdo en que hay una amenaza para la seguridad nacional, pero para nosotros eso significa cualquier cosa que desafíe a la salud, el bienestar económico, la estabilidad social y la paz política de un pueblo. Para nosotros no puede ser la amenaza externa de poblaciones hambrientas.
Algunos analistas han hablado de que existe una amenaza a la seguridad nacional en aspectos que hasta hace algunos años no representaban ningún problema, como el crecimiento demográfico de ciertas minorías étnicas. Ese es el caso de los latinos en Estados Unidos.
En otros casos se habla de la posibilidad de que las armas nucleares, que anteriormente concentraban algunas potencias, con la desaparición de la Unión Soviética pueden caer en manos equivocadas, es decir de pequeños países o incluso en organizaciones clasificadas como terroristas.
Otro de los desafíos es el problema del medio ambiente. La forma de detener el deterioro ambiental que pudiera acabar con reservas de agua dulce es uno de los temas de la seguridad nacional actual.
Existe incluso el problema de que un sector de la economía sea aplastado por el descubrimiento tecnológico de un país que logre desplazar a otro que dependa del desarrollo de un producto o de un producto estratégico como el petróleo, es decir que la ciencia juega un papel primordial también en la seguridad nacional.
¿Que podemos decir, por ejemplo, del gran poderío económico que han acumulado los grupos criminales ligados al narcotráfico? En muchos casos han acumulado riquezas enormes que los convierten, prácticamente, en un poder difícil de derrotar.
Otros más, han hablado de que la miseria de algunos países y la migración hacia los desarrollados, ponen en peligro la estabilidad y seguridad nacional, por lo plantean poner barreras para evitar que la migración crezca.
El enfrentamiento con este nuevo problema sólo puede ser enfrentado de manera global, como es global el problema. Esta respuesta va desde el cambio de legislación y la creación de organismos internacionales, tanto económicos como políticos, tales como la UNESCO, además de la desaparición o por lo menos el acotamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Ha llegado el momento de avanzar en nuevas definiciones. Las conferencias internacionales como la de la Tierra, nos platean nuevas formas de resolver los dilemas que ya tenemos encima y no pueden ser atacados con los esfuerzos aislados de un país y de sus propias fuerzas, aunque sean los más fuertes dentro del concierto mundial.
La explosión demográfica mundial, la contaminación atmosférica y el cambio provocado por la tecnología, tienen, cada uno de ellos, su propio impulso transnacional, pero son los gobiernos y los parlamentos nacionales los que deciden abolir los controles monetarios, permitir el desarrollo de la biotecnología, reducir las emisiones industriales o instituir una política demográfica. Esto no significa que siempre lo logren. De hecho, uno de los principales argumentos es que, por su naturaleza, los nuevos problemas hacen que para los gobiernos sea mucho más difícil que antes ejercer el control de los acontecimientos.
En suma, aun cuando la categoría y las funciones del Estado Nacional hayan resultado erosionadas por las tendencias transnacionales, no ha surgido ningún sustituto adecuado para reemplazarlo como una unidad clave que responda al reto global de un desarrollo sustentable enfocado en la seguridad nacional de los pueblos y comunidades globales.